martes, 18 de mayo de 2010

UN REVOLUCIONARIO TIENE QUE SER REVOLUCIONADO// UN FUEGO DE AMOR


El muchacho se llama Jeremías y tiene aproximadamente 2o años de edad. Jeremías sirvió al Señor en una época parecida a la nuestra. La historia judaica de ese entonces, 627 A.C., es el registro de una constante decadencia moral, política y religiosa, que culmina con el exilio a Babilonia. Este período fue el tiempo del ministerio de Jeremías.

Es en épocas de decadencia cuando algunos se preguntan ¿ Valdrá la pena haberme metido en esto? ¿Me habrá llamado realmente el Señor? Cuando el desafío es tan grande, surge la pregunta "¿Por qué no me olvido de todo esto? Tal vez, mejor me regreso al mundo".

Si somos hijos de Dios, nos sucederá lo que al profeta Jeremías. En su primer capítulo, él repite nueve veces que Dios le habló. Si somos hijos de Dios, siempre regresaremos al momento cuando Dios nos habló; cuando Dios nos salvó, cuando Él nos cautivó.
Un revolucionario tiene que sufrir cambios, tiene que pasar por un proceso de aprendizaje y se debe de mantener firme en Sú amor.

Y no importa las dificultades, las burlas o los fracasos, tendremos que exclamar con Jeremías , "Mis entrañas , mis entrañas! Me duelen las fibras de mi corazón; mi corazón se agita dentro de mí, no callaré; porque sonido de trompeta has oído, oh alma mía, pregón de guerra". Jeremías 4:19

No vamos a callar! No nos vamos a detener! Su presencia es fuego en nuestro corazón. Suceda lo que suceda nuestra vida es para Él.

Alberto Mottesi

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