Examinando el corazón: PARTE 2
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LA INVITACIÓN DE JESÚS
(MT. 13:9; MC. 4:9; LC. 8:8)
«EL QUE TIENE OÍDOS...» 9 El que tiene oídos, que oiga. (Mt. 13:9)
- La parábola del sembrador es contada en tres ocasiones, en Mateo, Marcos y Lucas. El relato que se encuentra en los tres Evangelios, cuenta con notables similitudes pero también notables adiciones y perspectivas. El Espíritu Santo toma muy en serio la invitación de Jesús al momento de registrar esta parábola: necesitamos poner suma atención a los tres diferentes registros que se hacen de la misma. El Espíritu Santo desea una atención cuidadosa en el estudio y lectura de cada registro.
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La invitación de «el que tiene oídos, que oiga», es también una advertencia de que existen
diversas capas a desentrañar en esta parábola, y de que perderemos muchas de ellas no importa
la cantidad de veces que la leamos. Debemos darnos a nosotros mismos a una devoción
cuidadosa y detallada en la recepción de esta parábola a fin de obtener todo lo que el corazón de
Jesús quiere transmitirnos aquí—y necesitamos su gracia y ayuda. La meta del Señor es nuestra
plenitud, sin quedarnos cortos pero no en el corto plazo (siembra en buen terrero—Mt. 13:8, 23;
Mc. 4:8, 20; Lc. 8:8, 15—«esperar el fruto con paciencia»).
- He encontrado que es de gran ayuda leer la parábola, su propósito y su explicación durante y después del proceso de su estudio, tener una interpretación, regresar y leerla nuevamente. Me resulta bastante interesante lo mucho que se puede aprender de dicha parábola si la estudiamos de esta forma. También debemos reconocer que dicha parábola juzga y revela el corazón mientras la leemos y escuchamos. No podemos apresurarnos a «asignar» una categoría para nosotros mismos y asumir que encajamos en la misma. Es también importante comprender que en esta parábola los cuatro terrenos representan a los creyentes y las diversas formas en que recibimos la palabra de Dios, al ser «sembrada» por el sembrador. Al escuchar esta parábola podemos ser rápidos en pensar acerca de otros que encajan en estas descripciones, en lugar de evaluar la condición de nuestro corazón.
(MT. 13:4,19; MC. 4:4,15; LC. 8:5,12-13)
4 Y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. (Mt. 13:4)
19 A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino. (Mt. 13:19)
15 Y éstos que están junto al camino donde se siembra la palabra, son aquellos que en cuanto la oyen, al instante viene Satanás y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos. (Mc. 4:15)
5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y al sembrarla, una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron. (Lc. 8:5)
12 Y aquéllos a lo largo del camino son los que han oído, pero después viene el diablo y arrebata la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. (Lc. 8:12)
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Este primer grupo se refiere a los creyentes que reciben la palabra (la cual es «sembrada en sus
corazones» y ellos «escuchan») del sembrador—sin embargo, no tiene impacto en sus corazones.
¿Por qué? Tanto Mateo como Lucas nos indican por qué los que los que están en el camino no
son realmente impactados por la palabra—ellos no la entienden, por lo tanto la pisotean; lo que
quiere decir que no la valoran, no la atesoran o no la cuidan.
- Cuando alguien está junto al camino y ve que una semilla valiosa («la palabra del reino») está siendo esparcida en ese terreno donde no podrá tener ningún impacto o crecimiento, reconoce el valor de dicha semilla cuando la levanta y la pone en un lugar donde podrá crecer de una manera sana. Esta es la imagen que los escritores de los Evangelios buscaban enfatizar en esta sección de la parábola: los que escuchan no tiene revelación sobre el valor de lo que están recibiendo y por tanto la pisotean—no malévolamente sino por distracción.
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Ellos «pisotearon» la semilla porque no entendían lo qué era o por qué era valiosa. El enemigo
no va a robar la palabra del corazón de una persona que simplemente no la aprovecha aún—Jesús
se refiere a aquellos que escuchan la palabra pero no la estudian, no la reflexionan y no dialogan
con el Espíritu Santo sobre cómo aplicarla en su vida y obedecerla. Jesús habla a sus discípulos
sobre una simple declaración del valor de sus palabras y las explicaciones del reino en Mateo
13:16-17:
16 Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque en verdad
os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo
que vosotros oís, y no lo oyeron. (Mt. 13:16-17)
Debemos apreciar lo que aquellos antes de nosotros no pudieron recibir—y lo que se nos ha ofrecido gratuitamente. Debemos estar conscientes y ser agradecidos, que somos «ricos» por el simple hecho de recibir la «semilla» de verdad sembrada por Jesús en nuestras vidas.
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